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viernes, 9 de enero de 2009

Experimentos Galileanos en el siglo XXI


En estas fechas de reencuentros y reuniones, asistí a una cena con retos científicos como acompañamiento para los postres. Uno de los amfitriones, cogió una bola de acero y una pluma blanca y delicada. Nos miró a todos y nos preguntó, si lanzo ambos objetos a la vez, cual creéis que caerá primero.

La caída de los cuerpos ha sido objeto de observación y estudio a lo largo de los siglos. Así que, en esos instantes, yo me sentí trasladada hacia principios del siglo XVII, en la época del Renacimiento. Me vino a la mente el astrónomo, filósofo, matemático y físico: Galileo Galilei.

El científico intaliano Galileo Galilei había cuestionado, la entonces aceptada idea aristotélica que concluía, que los cuerpos más pesados caían más rápido que los más ligeros. Existe una leyenda que cuenta que Galileo, con la ayuda de algunos asistentes, subió a lo alto de la Torre de Pisa y dejó caer simultáneamente dos grandes esferas, una de madera y otra de plomo. Las esferas llegaron al suelo a la vez. Según las ideas de Aristóteles, la esfera de plomo debería haber llegado al suelo mucho antes que la esfera de madera, ya que el plomo es un material más pesado que la madera. Gracias a este experimento, Galileo llegó a la conclusión de que en ausencia de aire todos los cuerpos son igualmente acelerados hacia el suelo.

Volviendo al experimento de la cena... Los asistentes empezamos a lanzar nuestras hipótesis, y llegamos a la respuesta unánime de que si nuestro amfitrión no nos hacía trucos de magia, caería primero la bola de acero. Y así fue.

Sin embargo, una vez hecho el experimento, nos pidió unos segundos más de atención. Colocó la pluma en un envase de plástico idéntico al que utilizó para introducir la bola. De nuevo, repitió el experimento de la caída de cuerpos. Esta vez, pluma y bola cayeron a la vez. ¿Qué había pasado? ¿Cual era la diferencia que conseguía que ahora ambos cuerpos cayeran a la vez? Al introducir los objetos en cajas iguales, la resistencia al aire quedaba homogeneizada. Ambos objetos habían sufrido igual fuerza ascendente debido al rozamiento con el aire. De ese modo, al poder prescindir de la componente del aire, sólo observábamos la atracción producida por el planeta Tierra, la aceleración de la gravedad, y esta, es igual para todos los cuerpos.

Un experimento similar fue llevado a cabo por el científico Robert Boyle en 1642. Boyle dejó caer una bala de plomo y una pluma dentro de un recipiente de vidrio al cual se le había extraído el aire. Con este experimento, Boyle demostró que la única fuerza que reduce la velocidad de los cuerpos en su caída es la resistencia del aire. Más adelante, en 1971, la misión Apolo XV también verificó las ideas propuestas por Galileo. Cuando el astronauta David Scott tripulante del Apolo XV, llegó a la Luna, que carece de atmósfera y por tanto de aire, dejó caer desde la misma altura y al mismo tiempo un martillo y una pluma. Tanto él, como los televidentes que seguían tal hazaña, pudieron observar satisfechos como ambos objetos tocaban suelo lunar al mismo tiempo.

Este es un experimento sencillo que podéis hacer en casa, en el aula, en familia, con amigos, con alumnos... y repasar así la física de secundaria. También podéis plantear la experiencia de forma inversa: Coged dos folios de papel iguales y los lanzáis al suelo desde la misma altura. Ambos llegan al suelo a la vez. Ahora arrugáis una de las hojas creando una pelota de papel más o menos esférica. Repetid la experiencia. ¿Qué sucede? Sí, la hoja en forma de bola cae más rápidamente. Esto es debido a que al disminuir su superfície exterior también habéis reducido su rozamiento con el aire y por eso cae más deprisa.

Y si aún tenéis más ganas de experimentar, echar un vistazo a los experimentos sobre la caída de los cuerpos, o visitad la sala permanente de CosmoCaixa Barcelona, donde encontraréis unos tubos de vacío y unos vídeos que os muestran diferentes versiones de estos experimentos galileanos.

domingo, 14 de diciembre de 2008

La memoria de la Luna, el olvido de la playa


¿Alguna vez habéis dibujado en la arena de la playa? A mí, me encanta... Dibujas justo en la orilla, en el límite entre lo más seguro y lo más incierto... En unos instantes una ola se rompe y se lleva el dibujo. Y al llevárselo, se olvida la arena del contacto que tuvisteis. Es una afición un poco perversa, ya que a veces pienso que dejando que el mar se lleve mis imágenes y mis palabras, estas desaparecen del mundo entero.

Otras veces, escribo un poco más arriba, donde el agua no llega... Me voy de la playa contemplando el rastro dejado. En estos casos, el sentimiento aún es más curioso... Me marcho viendo mi impronta, pero sabiendo que si mañana volviera al mismo lugar, no quedaría ni rastro de lo que hoy garabateé. Se me mezcla la ilusión de creer que el viento jamás borrará mi huella, con la necesidad de que las cosas no sean eternas.

Pero... ¿Qué pasaría si dibujáramos en la superficie lunar? ¡La Luna no olvida!

Y... ¿Qué quiere decir el olvido? Uf!... Paso a paso... como los que dieran los astronautas del Apollo. En esta charla, el olvido está relacionado con la erosión. La destrucción debida al paso de un fluído. En el caso de la ola traicionera, un líquido, el agua, que a su paso deforma la estructura de los millones de granitos de silicio que forman mi dibujo en la arena de la playa. En el segundo ejemplo, el erosionador es el viento, el aire en movimiento. La Tierra tiene una capa de gases llamada atmósfera y en esta, se producen infinidad de procesos atmosféricos que hacen que las masas de aire se muevan de un lado para otro erosionando y modificando el paisaje de forma espectacular. ¿No iba pues el viento a borrar mi dibujo hecho en la playa?

¿Y por qué la Luna no sufre erosión? La Luna, a diferencia de la Tierra, no tiene manto de gases. En la Luna no hay atmósfera. Las pisadas que dejaron los astronautas del Apollo durarán por siglos... Sin atmósfera, no existen los fenómenos atmosféricos. No hay viento alguno.

¿Y qué más provoca la falta de manto gaseoso? La temperatura en la Luna varía dramáticamente a lo largo del "día". En la superficie lunar se puede pasar de 100ºC durante el mediodía, a -173ºC durante la noche. No existe lluvia, ni nubes, ni Arcos Iris... La Luna recuerda, pero es de calidez cambiante y de meteorología ausente... Yo no sé lo que los demás eligen, pero en mi caso, a pesar de la penas terrestres, me quedo con el olvido. Porque al menos nos da la oportunidad de escribir algo nuevo en cada paseo por la playa. ¡A disfrutarlos! Que por lo menos aquí, en Barcelona, hace unos inviernos muy belllos para pasarlos caminando.

ila

viernes, 5 de diciembre de 2008

Amor celestial


El pasado lunes día 1 de diciembre, en el cielo, pudimos observar un triángulo amoroso entre la Luna, Venus y Júpiter.

Jordi Aloy, astrofísico de CosmoCaixa, amigo mío y activo comentarista de La Mandarina de Newton tomó varias fotografías, entre ellas esta preciosa instantánea:



Con esta imagen en nuestras pupilas, sentimos que la ciencia no es tan sólo algo de números y ecuaciones... La frialdad de la lógica matemática y la complejidad de las ecuaciones diferenciales se convierten en belleza y sutileza pura. La Luna, Venus, Júpiter y las nubes bailan en una danza de tres, será un vals celestial? Ya hubo quien en otros tiempos propuso escribir la melodía del Universo...

Esta vez, no digo más para dejar volar la vuestra imaginación... ¡Para que vuele hasta los confines del Sistema Solar!

Que lo disfruten...

ila